Jesús Paredes

Hacia una nueva conciencia educativa, 1 de octubre del 2017

Las líneas de lo humano, lo conductual, lo cognitivo y lo afectivo deben surgir, cultivarse y crecer con la educación. Urge que se incorpore a la acción educativa la emoción y el sentir. Por ello se hace necesario un nuevo paradigma, alejado de la linealidad y uniformidad, y basado en el proceso orgánico, en el que los pensamientos, sentimientos y emociones florezcan, y sean el eje fundamental en la construcción desde autoconocimiento, sin perder el estímulo de la curiosidad.

Se hace necesario priorizar el querer y el sentir sobre el memorizar y la repetición; al vivenciar las experiencias se saborea el proceso y se aprende a gestionar los miedos. Hay que enfocar la educación desde la ecología humana, en el desarrollo de la afectividad, la libertad, la voluntad y la creatividad. Aprendemos a ser, de esa manera podremos enseñar a aprender a ser

(el gran olvidado), la base para el aprendizaje.

El educador/a se convierte en un referente luminoso en el proceso de construcción personal. Su papel, ser guía para estos seres humanos que viven en un proceso de desarrollo. Son necesarios unos elementos para el cambio de metáfora de la educación, para el florecimiento humano. La emoción es el puente de aprendizaje en lo informal, formal y no formal.

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